miércoles, 11 de septiembre de 2013

Encontrándonos con colores y la musica
















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  1. LA POESÍA DE GIOVANNI QUESSEP:
    EL TAPIZ MÁGICO DE COLORES Y MÚSICA

    En la luna que he contado
    leve de nombre y memoria
    en la rosa casi historia
    del jardín imaginado
    todo ilumina en pasado
    todo florece en perdido
    músicas de lo que ha sido
    o irrealidad del que cuenta
    blanca luna o rosa cruenta
    contar es ir al olvido.
    El olvido una historia
    que ya nunca termina
    se pierde lo inventado
    palabra cuento día.
    Acuérdate muchacha
    que estás en un lugar de Suramérica
    no estamos en Verona
    no sentirás el canto de la alondra
    los inventos de Shakespeare
    no son para Mauricio Babilonia
    cumple tu historia suramericana
    espérame desnuda
    entre los alacranes
    y olvídate y no olvides
    que el tiempo colecciona mariposas.
    Tal vez por el camino
    de blancuras amargas
    hablando en sueños de la vida
    vendrá una sombra amada.
    En su rueca mortal
    lu luna que no vuelve
    hila el alma y los ojos
    de pálidas durmientes
    Dichoso quien no ha oído
    sus pasos que regresan
    en las noches nevadas
    perdidos por un valle de violeta.
    Callar es bello, a veces,
    en la desdicha, cuando el alma
    reconoce sus flores
    en la muerte encantada;
    y oír apenas esa música
    de los jardines en desvelo,
    mientras caen los pétalos
    que nos llevan, insomnes, a otro tiempo.
    Dime, ¿qué azul me guardará en tu cuerpo
    perdido, dime, hay otra forma
    de no morir si no es el canto
    que se desvela a solas?
    Callar es bello en la desdicha
    bajo la sombra enajenada,
    y esperar a que cierre nuestros ojos
    el cielo interminable de las fábula.
    Quiero abrir el alcázar de la fuente
    prometedora de la vida y del canto
    lejos de la ceniza
    que cae de las sombras.
    Solo en su agua, bajo los almendros,
    podré ver el tapiz de la esperanza;
    busco una lierra en lo hondo, en su espesura
    de lirios y de maravillas mortales:
    Quizá el país que todo lo reúne
    como espejo, la fábula
    donde la constelación es una piedra diminuta
    y alguien cania a la muerte como a una crisálida.
    Quiero tornar a lo que ya no existe
    sino en la imagen del hilo sagrado,
    tal vez un mito sea, pero mi alma
    no se resigna a perder su tesoro.
    El aljibe agrietado persevera,
    polvo y azul, en este mediodía.
    Los niños descendemos, y en su fondo
    encontramos juguetes de hojalata,
    un tapiz que se teje solo, pájaros.
    Esto que es el pasado nos otorga
    su rumor y misterio, y reiniciamos
    largas navegaciones por su cielo.
    Venga la muerte así, como ha venido
    la infancia en un juguete; y encontremos
    el bajar por la sombra a su floresta
    un tapiz que se teja eterno, fábulas.
    Si tuviese tus ojos, hilandera,
    podría ver lo que jamás he visto:
    hilos de plata, hilos de oro, hilos de seda
    moviéndose en mis manos
    para tejer las cuatro estaciones,
    especialmente la primavera
    o el otoño que todo lo acaba;
    vería el agua correr por la madeja
    y torres en el fondo de las barcas,
    o miraría en la rueca
    las bellas formas que ya son el hilo
    en que siempre la muerte nos espera,
    el hilo de plata, el hilo de oro, el hilo de seda.

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