LA POESÍA DE GIOVANNI QUESSEP: EL TAPIZ MÁGICO DE COLORES Y MÚSICA
En la luna que he contado leve de nombre y memoria en la rosa casi historia del jardín imaginado todo ilumina en pasado todo florece en perdido músicas de lo que ha sido o irrealidad del que cuenta blanca luna o rosa cruenta contar es ir al olvido. El olvido una historia que ya nunca termina se pierde lo inventado palabra cuento día. Acuérdate muchacha que estás en un lugar de Suramérica no estamos en Verona no sentirás el canto de la alondra los inventos de Shakespeare no son para Mauricio Babilonia cumple tu historia suramericana espérame desnuda entre los alacranes y olvídate y no olvides que el tiempo colecciona mariposas. Tal vez por el camino de blancuras amargas hablando en sueños de la vida vendrá una sombra amada. En su rueca mortal lu luna que no vuelve hila el alma y los ojos de pálidas durmientes Dichoso quien no ha oído sus pasos que regresan en las noches nevadas perdidos por un valle de violeta. Callar es bello, a veces, en la desdicha, cuando el alma reconoce sus flores en la muerte encantada; y oír apenas esa música de los jardines en desvelo, mientras caen los pétalos que nos llevan, insomnes, a otro tiempo. Dime, ¿qué azul me guardará en tu cuerpo perdido, dime, hay otra forma de no morir si no es el canto que se desvela a solas? Callar es bello en la desdicha bajo la sombra enajenada, y esperar a que cierre nuestros ojos el cielo interminable de las fábula. Quiero abrir el alcázar de la fuente prometedora de la vida y del canto lejos de la ceniza que cae de las sombras. Solo en su agua, bajo los almendros, podré ver el tapiz de la esperanza; busco una lierra en lo hondo, en su espesura de lirios y de maravillas mortales: Quizá el país que todo lo reúne como espejo, la fábula donde la constelación es una piedra diminuta y alguien cania a la muerte como a una crisálida. Quiero tornar a lo que ya no existe sino en la imagen del hilo sagrado, tal vez un mito sea, pero mi alma no se resigna a perder su tesoro. El aljibe agrietado persevera, polvo y azul, en este mediodía. Los niños descendemos, y en su fondo encontramos juguetes de hojalata, un tapiz que se teje solo, pájaros. Esto que es el pasado nos otorga su rumor y misterio, y reiniciamos largas navegaciones por su cielo. Venga la muerte así, como ha venido la infancia en un juguete; y encontremos el bajar por la sombra a su floresta un tapiz que se teja eterno, fábulas. Si tuviese tus ojos, hilandera, podría ver lo que jamás he visto: hilos de plata, hilos de oro, hilos de seda moviéndose en mis manos para tejer las cuatro estaciones, especialmente la primavera o el otoño que todo lo acaba; vería el agua correr por la madeja y torres en el fondo de las barcas, o miraría en la rueca las bellas formas que ya son el hilo en que siempre la muerte nos espera, el hilo de plata, el hilo de oro, el hilo de seda.
LA POESÍA DE GIOVANNI QUESSEP:
ResponderEliminarEL TAPIZ MÁGICO DE COLORES Y MÚSICA
En la luna que he contado
leve de nombre y memoria
en la rosa casi historia
del jardín imaginado
todo ilumina en pasado
todo florece en perdido
músicas de lo que ha sido
o irrealidad del que cuenta
blanca luna o rosa cruenta
contar es ir al olvido.
El olvido una historia
que ya nunca termina
se pierde lo inventado
palabra cuento día.
Acuérdate muchacha
que estás en un lugar de Suramérica
no estamos en Verona
no sentirás el canto de la alondra
los inventos de Shakespeare
no son para Mauricio Babilonia
cumple tu historia suramericana
espérame desnuda
entre los alacranes
y olvídate y no olvides
que el tiempo colecciona mariposas.
Tal vez por el camino
de blancuras amargas
hablando en sueños de la vida
vendrá una sombra amada.
En su rueca mortal
lu luna que no vuelve
hila el alma y los ojos
de pálidas durmientes
Dichoso quien no ha oído
sus pasos que regresan
en las noches nevadas
perdidos por un valle de violeta.
Callar es bello, a veces,
en la desdicha, cuando el alma
reconoce sus flores
en la muerte encantada;
y oír apenas esa música
de los jardines en desvelo,
mientras caen los pétalos
que nos llevan, insomnes, a otro tiempo.
Dime, ¿qué azul me guardará en tu cuerpo
perdido, dime, hay otra forma
de no morir si no es el canto
que se desvela a solas?
Callar es bello en la desdicha
bajo la sombra enajenada,
y esperar a que cierre nuestros ojos
el cielo interminable de las fábula.
Quiero abrir el alcázar de la fuente
prometedora de la vida y del canto
lejos de la ceniza
que cae de las sombras.
Solo en su agua, bajo los almendros,
podré ver el tapiz de la esperanza;
busco una lierra en lo hondo, en su espesura
de lirios y de maravillas mortales:
Quizá el país que todo lo reúne
como espejo, la fábula
donde la constelación es una piedra diminuta
y alguien cania a la muerte como a una crisálida.
Quiero tornar a lo que ya no existe
sino en la imagen del hilo sagrado,
tal vez un mito sea, pero mi alma
no se resigna a perder su tesoro.
El aljibe agrietado persevera,
polvo y azul, en este mediodía.
Los niños descendemos, y en su fondo
encontramos juguetes de hojalata,
un tapiz que se teje solo, pájaros.
Esto que es el pasado nos otorga
su rumor y misterio, y reiniciamos
largas navegaciones por su cielo.
Venga la muerte así, como ha venido
la infancia en un juguete; y encontremos
el bajar por la sombra a su floresta
un tapiz que se teja eterno, fábulas.
Si tuviese tus ojos, hilandera,
podría ver lo que jamás he visto:
hilos de plata, hilos de oro, hilos de seda
moviéndose en mis manos
para tejer las cuatro estaciones,
especialmente la primavera
o el otoño que todo lo acaba;
vería el agua correr por la madeja
y torres en el fondo de las barcas,
o miraría en la rueca
las bellas formas que ya son el hilo
en que siempre la muerte nos espera,
el hilo de plata, el hilo de oro, el hilo de seda.